El artificio de un deseo

El artificio de un deseo

¿Por qué sueñan los humanos con ovejas eléctricas?

Claudia Weiner, analista integrante de “Escucharte”

 

 

 

La escritura es un artificio. El real no aparece más que por un artificio,

un artificio ligado al hecho de que hay palabra e incluso, el decir.

Jacques Lacan

 

 

La época actual, la posmodernidad tiene un aspecto arrasador, el sistema económico parece que se ha independizado, tal que ha dejado de un modo demasiado claro al ser humano de lado. Lo cierto es que la sociedad, en parte, se redefine diariamente mediante la alta tecnología, y se prevé poco a poco la posibilidad de crear vida inteligente no biológica. Con una computadora se puede llegar a traducir cualquier problema en estadísticas. En estos tiempos tecnológicos la máquina más importante es el mismo sistema económico. Se dice que la humanidad es una especie en extinción, sin embargo la subjetividad subiste por alguna interesante razón.

 

El atravesamiento mismo del cuerpo por parte de la ciencia hace caducar para el ser humano la noción de “natural”. Contra el prejuicio más común, lo humano no es lo natural, por el contrario lo específicamente humano es, cada vez más, lo artificial. ¿Acaso la lengua, el lenguaje que habitamos es natural? ¿No es justamente el lenguaje la primera máquina con la que debemos tratar? Una máquina que nos atraviesa constituyendo la subjetividad. Jacques Lacan a partir de un una noticia sobre una particular inseminación artificial destaca “el carácter profundamente artificioso de lo que hasta ahora se ha llamado la naturaleza”. El lenguaje tiene algo maquinal, inerte tanto es así que las computadoras se generan a partir de un lenguaje. En una entrevista Temple Grandin , quien se define como autista, declara tener pensamiento visual, dice su forma de pensar es asociativa y no lineal. “Es como hacer surf en la World Wide Web”

 

Podríamos enumerar, hacer una lista de las condiciones, de las características de este sistema actual, la globalización, el desarrollo tecno-científico, la clonación, la libertad en la sexualidad, estudiar toda una época tomando todas o cada una de estas perspectivas: económica, sociológica, política cultural. ¿Pero cómo abordar la posmodernidad desde la singularidad? Cuestión que nos interesa pues es así como se presenta: por un lado en la vida de cada quien, que vive a su modo su época, su contexto cultural, y a la vez la vida de cada uno es el lugar de manifestación de un momento social.

 

Cada quien se atraviesa en el lenguaje y su vida es el artificio posible por ese atravesamiento, cada época se vive en la singularidad, el lenguaje es causa de la singularidad social. La clásica oposición individuo-sociedad está perimida y es inoperante frente a la subjetividad y esa oposición es un problema porque ubica a la sociedad como responsable de lo que le ocurre al individuo. La subjetividad planteada por el psicoanálisis da un salto al respecto: Jacques Lacan rompe con la oposición objetivo-subjetivo, en la que se supone que la subjetividad es patrimonio de de una interioridad individual, “, (…) es que lo subjetivo no esta del lado del que habla. Lo subjetivo es algo que encontramos en lo real”

¿Como se presenta esa estructura subjetiva? Con palabras, con lenguaje, palabras actuales que pasan a través de nuestro cuerpo.

 

Tomemos una de las tan mentadas presentaciones posmodernas: los desarrollos tecno-científicos. ¿Quién no está tocado por ellos? La antigua oposición naturaleza-cultura, hoy se presenta como la relación carne tecnología, o humano-máquina, o cuerpo-robot. Desde el implante dental, el marcapasos o el dispositivo intrauterino hasta la psicocirugía se despliega la pregunta a cerca de qué es lo humano. ¿Acaso esos elementos no son parte del cuerpo? ¡Pero quien decide qué porción de materia es un cuerpo! Lo que eran viejos opuestos han devenido los términos de una articulación: El cybor, término inventado en 1960, es una combinación de organismo articulado y máquina, una entidad híbrida, distinta de sus predecesores humanos o maquinales como el robot. El primer cyborg definido como tal fue un ratón de laboratorio al que se le implantó una bomba osmótica para inyectarle sustancias a un ritmo controlado. Incluso la red virtual puede concebirse como un gran cyborg, miles de mentes interconectadas a través del espacio cibernetico. El cyborg dice sobre el estado actual de las referencias, sobre la caída de ideales y saberes preestablecidos, en tanto, como lo propone Donna Haraway: “Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción”

 

Los elementos cyborg que la ciencia ficción propuso, en personajes tales como Robocop, hoy son difundidos en el mercado tecno-científico, elementos como los electrodos que se introducen en el cerebro mediante la psicocirugía, los ojos artificiales, el Implanon, (dispositivo anticonceptivo subcutáneo) afectan la materialidad del cuerpo y la manera de sentirlo y de percibirlo, de hacerse cargo de él. El nuevo tratamiento del cuerpo da lugar a nuevos interrogantes ¿En qué parte del cuerpo reside nuestra identidad? ¿Cómo queda afectada ésta al reemplazar partes de nuestro cuerpo? ¿Podemos desprendernos de parte de nuestro cuerpo y seguir siendo nosotros?

 

Las producciones culturales son la superficie performartiva de la subjetivad, es decir, en esas producciones se concreta el devenir social-singular, razón por lo cual solemos encontrarnos en literatura y cine lo que luego nos invade por los medios masivos de información.

En la literatura infantil encontramos un antecedente, diferente del cyborg, cuyas diferencias dan cuenta de las modificaciones del discurso que construye el lazo cultural: Pinocho, un muñeco de madera que se humaniza por el deseo del padre. El relato de Pinocho y Gepetto nos acerca una clave respecto a la pregunta por lo humano en determinado caldo cultural, en el contexto del cuento el deseo y el amor de un padre y un hijo son lo que constituyen lo humano. El relato plantea como Pinocho se convierte en un niño de verdad, él deja su materialidad de madera para convertirse en un ser de carne y hueso. Pinocho adviene un niño, su cuerpo de madera se transforma en uno de “verdad” de carne y hueso por el amor al padre. No se trata de la hibridez, ni de la articulación, ni de espacios fronterizos de superposición, sino de la marcada separación de los opuestos. Sólo ese determinado tipo de amor, marcado por el arrepentimiento (Pinocho se hace “bueno” y deja de mentir), le dará ese carácter de humanidad. La canción infantil que alude la historia nos señala el corazón como lugar reservado a la vida humana. Pinocho que había llegado malherido al hospital de los muñecos debe ser socorrido:

 

“Al viejo cirujano, llamaron con urgencia

Y con su vieja ciencia, pronto lo remendó,

Pero dijo a los otros muñecos internados,

Todo esto será en vano le falta un corazón.”

 

El corazón, metáfora del amor, se plantea como la salvación, no es en ese contexto un órgano que se transplante o que se fabrique, en cambio podría ser prestado por otro.

 

“El caso es que Pinocho estaba grave

Y en sí de su desmayo no volvía

Y el viejo cirujano no sabía,

A quien pedir prestado un corazón.”

 

Veamos como se resuelven las cosas

 

“Entonces llegó el Hada protectora

y viendo que Pinocho se moría,

le puso un corazón de fantasía

y Pinocho sonriendo despertó

y Pinocho sonriendo despertó.”

 

Se recurre nada más y nada menos que a la fantasía, la “vieja” ficción no recurre al transplante de órganos ni a la fabricación, sino a la fantasía. Es la pura fantasía lo que únicamente salva a un niño de la muerte, sobre todo agregando un detalle que la canción deja escapar: la fantasía es una solución que conlleva un deseo. Solución que encuentra eco en las observaciones articuladas por Rene Sptiz de las experiencias de marasmo: los bebes por más cuidados médicos que reciban no pueden sobrevivir –al menos en ese lazo cultural- sin un deseo ligado a otro.

 

La relación entre ficción y realidad suele concebirse como una anticipación. Según esta hipótesis, por ej: al imaginar Robocop se anticipan los implantes o los transplantes. En ese planteo se delimitan dos espacios y dos tiempos, uno: de ficción que anticipa y otro real de concreción, lo cual deja de lado que las producciones culturales son hechos de palabra. No hay un exterior ni un después de la escena de ficción, la ficción y la realidad están en tal continuidad que una se incluye, o se extiende en la otra. El lenguaje, las palabras que usamos son el contexto, y no son distintas de los actos, en esta topología singular, las nociones de exterior e interior, tal cual las conocíamos se ven alteradas. Hablar modifica el cuerpo, construye el espacio erótico, modifica y fabrica el lazo cultural, y produce hechos políticos, lo cual cambia la “realidad”. El acto de dirigirse a otro está hecho de palabras que tan poco son individuales, están tomadas del discurso común. Estamos inmersos en lo que Lacan gustó en llamar caldo de lenguaje y sin embargo, a cada uno lo toca una singularidad. Sin ir más lejos… ¿es pertinente decir que cada uno tiene sus recuerdos?

Esta pregunta puede acompañarnos junto a la desplegada por Philip Dick acerca de qué es lo humano, su novela ¿Sueñan los Robots con ovejas eléctricas? fue llevada al cine bajo el título Blade Runner.

 

En un planeta Tierra del año 2040, en donde ya casi no quedan animales que no sean electrónicos, Rick Deckard un cazador de bonificaciones, recibe recompensas por “retirar” replicantes, se trata de modelos muy avanzados de androides que se han convertido en un peligro para los humanos que lo fabricaron. En su cacería se topa con la joven y bella Rachel, de quien descubre que es un androide, descubrimiento doble, ya que Rachel desconocía su condición. Una particular característica en su fabricación le otorgaba una cualidad excesivamente humana: Le habían sido implantados recuerdos de otra mujer. Así es como Rick Deckard, el cazador le revela su condición, revisa en los archivos de esos recuerdos implantados, que Rachel nunca había dado a conocer, por ejemplo siendo niña, un episodio de juegos eróticos con su hermano. Al mencionárselos Deckard, Rachel comprende que esos recuerdos, tan íntimos, tan secretamente guardados no le pertenecen. Ante el descubrimiento, el espectador ve caer unas lágrimas por el rostro de la joven. ¡Qué expresión tan “humana” en contraste con su ser replicante! Este detalle está al servicio de evocar la pregunta ¿qué diferencia lo humano de lo que no lo es?

Pero… ¿el tener recuerdos de otro la hace menos humana? ¿Acaso los humanos son dueños de sus recuerdos? ¿Cómo sabemos que algo que recordamos como experiencia propia no es lo que alguien nos dejó saber? El recuerdo no es algo de lo que podamos ser dueños y controlar. Sigmund Freud en su artículo: “Recuerdos Encubridores” , demuestra como los recuerdos no son una copia fiel de la realidad objetiva, sino que están construidos con retazos de distintas escenas, de épocas distintas de la vida, según la fantasía y los avatares del deseo, es decir no dejan de ser del otro.

Precisamente el que los recuerdos, los sueños, los deseos no sean propios es lo que les da ese carácter humanos, no son controlables, no son solitarios, tienen carácter social y son impredecibles. Se trata de lo más singular, es decir la propia ajenidad.

A poco de comenzar la historia Rachel, la replicante pondrá en cuestión la humanidad Rick Deckard, una vez mas el cazador resulta cazado, ¡como puede ser que un humano desee un androide? La historia deja en suspenso la condición humana del protagonista. El cuerpo de cada quien no es natural pues está articulado por algo tan artificial, tan maquinal como el lenguaje, frases, palabras, letras, fonemas, suspiros, tonos, silencios o intervalos que se combinan de muchísimas maneras que nos permiten vivir, amar y sufrir. Lejos estamos de una hipotética naturalidad.

La cuestión que despliega Blade Runner no se limita a la del deseo de los replicantes, sino que nos señala la condición no-natural, social, y por ende el artificio de un deseo tan “humanamente” artificial y “maquinal”.

 

 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0